<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	
	>
<channel>
	<title>
	Comentarios en: La política a escenaEl outsider	</title>
	<atom:link href="https://p.enperspectiva.uy/blogs/la-politica-a-escena-el-outsider/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://p.enperspectiva.uy/blogs/la-politica-a-escena-el-outsider/</link>
	<description>Una radio para crecer, una radio para sentir</description>
	<lastBuildDate>Fri, 22 Jul 2016 09:58:16 +0000</lastBuildDate>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	
	<item>
		<title>
		Por: Javier del rey Morató		</title>
		<link>https://p.enperspectiva.uy/blogs/la-politica-a-escena-el-outsider/#comment-14828</link>

		<dc:creator><![CDATA[Javier del rey Morató]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Jul 2016 09:58:16 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">https://www.enperspectiva.net/?p=21428#comment-14828</guid>

					<description><![CDATA[Los outsiders entran en la política por la puerta de atrás. Es la que han dejado abierta los políticos profesionales. El auditorio, cansado de sus monsergas, de su redundancia, de su vacuidad, buscan otros intérpretes que hagan creíble la representación.

El contexto favorece el protagonismo liviano de esos outsiders. Son algo menos que salvadores, porque los mesías laicos caducaron. Ahora no existen aquellos personajes mesiánicos, que buscaban un plus de legitimidad con el recurso a los juegos de lenguaje religioso -Franco, Perón, Ortega o Chávez-, o con ese otro recurso que se le pide a la historia, y a esa otra redención que es inmanente, como la revolución, y la redención del proletariado.

Ahora no. Ahora pueden ser savia nueva para la política, y eso es muy de agradecer. Otra vez son meros aficionados, con un alto sentido de la oportunidad, profundamente inmorales a veces -como un tal Mugica, para quien el poder se podía conquistar con cualquier método: el asesinato, o la simulación de una moralina impresentable, una auténtica impostura. (Gestido no hizo gala de la pobreza. Además, la pobreza puede ser indicio razonable de incapacidad para generar riqueza, o, simplemente, vagancia, o irresponsabilidad).

La hipótesis plausible es que los outsiders prosperan a expensas de los políticos profesionales por el contexto de crisis y la fatiga el auditorio. Hartos de escuchar a los de siempre, buscan a otros intérpretes.

La anekdiégesis que afecta a muchos políticos que han hecho de la cosa pública su profesión es ya inocultable.

La hipogénesis que manifiestan es signo inequívoco de su incompetencia narrativa, de su déficit de marco, de su carencia de léxico, de su paupérrimo relato.

Y la pleiotropía -en griego pleio es &quot;muchos&quot;, y tropo es &quot;cambios&quot; que afecta a los políticos -tienen que cambiar de relato cada tanto-, les pone ante el auditorio una circunstancia que a esos políticos les hubiera gustado ocultar: no tienen nada que decir.

Y por eso el espacio público se puebla con palabras. &quot;Parole, parole, parole&quot;, decía una canción que interpretaba la mítica Mina en los años sesenta del siglo pasado.

Y hay más aun. Los outsiders irrumpen en un teatrillo que hace aguas: ya nadie se toma en serio a los Estados nacionales, esos enanos disfrazados de gigantes autosuficientes y encantados de haberse conocido.

Como decía Helio Yaguaribe, los Estado son hoy segmentos indiferenciados de un mercado global, que ignora las fronteras, no las ve, como no las ven los pájaros, los insectos, las plagas o las crisis.

Pero en su interior, un teatrillo destartalado sigue representando la obra de siempre: la comedia de la soberanía nacional. Ojalá que algún outsider al menos diga la verdad: el rey está desnudo.

Eso me sugieren las líneas de Mariana Wainstein, lúcidas como siempre, y muy de agradecer en este océano de banalidades y de superchería que suele ser el de los blogueros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los outsiders entran en la política por la puerta de atrás. Es la que han dejado abierta los políticos profesionales. El auditorio, cansado de sus monsergas, de su redundancia, de su vacuidad, buscan otros intérpretes que hagan creíble la representación.</p>
<p>El contexto favorece el protagonismo liviano de esos outsiders. Son algo menos que salvadores, porque los mesías laicos caducaron. Ahora no existen aquellos personajes mesiánicos, que buscaban un plus de legitimidad con el recurso a los juegos de lenguaje religioso -Franco, Perón, Ortega o Chávez-, o con ese otro recurso que se le pide a la historia, y a esa otra redención que es inmanente, como la revolución, y la redención del proletariado.</p>
<p>Ahora no. Ahora pueden ser savia nueva para la política, y eso es muy de agradecer. Otra vez son meros aficionados, con un alto sentido de la oportunidad, profundamente inmorales a veces -como un tal Mugica, para quien el poder se podía conquistar con cualquier método: el asesinato, o la simulación de una moralina impresentable, una auténtica impostura. (Gestido no hizo gala de la pobreza. Además, la pobreza puede ser indicio razonable de incapacidad para generar riqueza, o, simplemente, vagancia, o irresponsabilidad).</p>
<p>La hipótesis plausible es que los outsiders prosperan a expensas de los políticos profesionales por el contexto de crisis y la fatiga el auditorio. Hartos de escuchar a los de siempre, buscan a otros intérpretes.</p>
<p>La anekdiégesis que afecta a muchos políticos que han hecho de la cosa pública su profesión es ya inocultable.</p>
<p>La hipogénesis que manifiestan es signo inequívoco de su incompetencia narrativa, de su déficit de marco, de su carencia de léxico, de su paupérrimo relato.</p>
<p>Y la pleiotropía -en griego pleio es "muchos", y tropo es "cambios" que afecta a los políticos -tienen que cambiar de relato cada tanto-, les pone ante el auditorio una circunstancia que a esos políticos les hubiera gustado ocultar: no tienen nada que decir.</p>
<p>Y por eso el espacio público se puebla con palabras. "Parole, parole, parole", decía una canción que interpretaba la mítica Mina en los años sesenta del siglo pasado.</p>
<p>Y hay más aun. Los outsiders irrumpen en un teatrillo que hace aguas: ya nadie se toma en serio a los Estados nacionales, esos enanos disfrazados de gigantes autosuficientes y encantados de haberse conocido.</p>
<p>Como decía Helio Yaguaribe, los Estado son hoy segmentos indiferenciados de un mercado global, que ignora las fronteras, no las ve, como no las ven los pájaros, los insectos, las plagas o las crisis.</p>
<p>Pero en su interior, un teatrillo destartalado sigue representando la obra de siempre: la comedia de la soberanía nacional. Ojalá que algún outsider al menos diga la verdad: el rey está desnudo.</p>
<p>Eso me sugieren las líneas de Mariana Wainstein, lúcidas como siempre, y muy de agradecer en este océano de banalidades y de superchería que suele ser el de los blogueros.</p>
]]></content:encoded>
		
			</item>
	</channel>
</rss>
